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Primera Parte. El Credo: La Fe Profesada

En un capítulo más adelante reflexionaremos sobre el papel único

del Orden sacerdotal y sobre el servicio especial que ofrece a todo el

Cuerpo de Cristo.

UN PUEBLO PROFÉTICO

El pueblo de Dios también comparte del carácter profético de Cristo. Esto

significa tanto enseñar como dar testimonio de la Palabra de Dios en el

mundo. Un verdadero profeta, mediante enseñanzas y el buen ejemplo,

lleva a otros hacia la fe. San Francisco de Asís una vez dijo: “Prediquen

siempre. Algunas veces usen palabras”. Sacerdotes, laicos y religiosos

pueden todos colaborar en la actividad misionera y evangelizadora de la

Iglesia, así como en su ministerio catequético, en la enseñanza teológica

y en el uso de todos los medios de comunicación contemporáneos.

Mientras que dar testimonio es esencial, deberíamos siempre estar

atentos a las oportunidades de compartir mutuamente nuestra fe

verbalmente y con todos aquellos quienes todavía no la profesan. Esta

función profética es ejercitada bajo la dirección de los obispos, quienes

tienen una responsabilidad especial respecto a la enseñanza, la cual les

fue otorgada por Cristo.

UN PUEBLO REAL

El pueblo de Dios comparte en la misión regia de Cristo, la cual es guiar

a otros mediante el servicio amoroso a ellos. Jesús “no ha venido a ser

servido, sino a servir y a dar la vida por la redención de todos” (Mt

20:28). Estamos llamados, a imitación del Señor Jesús, a ser gente que

nos ofrecemos a nosotros mismos libremente en servicio a los demás.

Estas obras de servicio pueden indicar el Reino de Dios, de amor, justicia,

misericordia y salvación a todas las personas, culturas, gobiernos y otras

estructuras sociales. También estamos llamados a una vida de servicio a

la Iglesia misma. El liderazgo de servicio es una responsabilidad de todo

el pueblo de Dios dentro de sus respectivas funciones y responsabilidades.

Los obispos tienen una responsabilidad especial en el liderazgo y gobierno

de la Iglesia.