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Tercera Parte. La Moralidad Cristiana: La Fe Vivida

pueblo los Diez Mandamientos para enseñarles la forma de vivir la

alianza del amor.

En Cristo hemos sido llamados a una Nueva Alianza y a una Ley

Nueva que realiza y perfecciona la Ley Antigua. También estamos

invitados a experimentar el amor de Dios por nosotros y a responder

amando a Dios y a nuestro prójimo. Nuestro amor por el prójimo incluye

nuestra solidaridad con la comunidad humana y un compromiso a la

justicia social para todos.

Necesitamos respetar la dignidad humana de cada persona. Los

gobiernos y otras instituciones sociales deben servir y realzar la dignidad

de las personas. La sociedad tiene la responsabilidad de crear condiciones

que favorezcan el desarrollo de las virtudes y de los valores espirituales y

materiales auténticos.

La gente necesita vivir en una comunidad humana donde la autoridad

esté basada en la naturaleza humana y sea reconocida como teniendo su

origen en Dios (cf. CIC, nos. 1898, 1899). La autoridad política debería

usarse para el bien común. “El bien común comprende ‘el conjunto de

aquellas condiciones de la vida social que permiten a los grupos y a

cada uno de sus miembros conseguir más plena y fácilmente su propia

perfección’” (CIC, no. 1924, citando GS, no. 26 §1). Los gobiernos

deberían usar medios moralmente aceptables para promover el bien común

de todos y establecer las condiciones que aseguren a los ciudadanos el

correcto ejercicio de sus libertades. Al promover este bien común se debe

evitar la excesiva intervención del gobierno en la vida de los individuos.

El principio de subsidiariedad enseña que los gobiernos deberían ayudar y

apoyar a los individuos y grupos de los que son responsables sin controlar

su libertad e iniciativa (cf. CIC, no. 1883).

Al igual que los gobiernos e instituciones sociales necesitan respetar la

dignidad única humana de cada individuo, también es la responsabilidad

de cada individuo de hacer lo mismo. Las actitudes de prejuicios contra

cualquier individuo por cualquier razón, así como acciones o juicios

basados en opiniones arraigadas en el prejuicio, violan la voluntad y la

ley de Dios.

La justicia social es tanto una actitud como una respuesta práctica

basadas en el principio que establece que cada uno debe considerar al