Background Image
Table of Contents Table of Contents
Previous Page  411 / 706 Next Page
Basic version Information
Show Menu
Previous Page 411 / 706 Next Page
Page Background

Capítulo 27. El Tercer Mandamiento: Ama el Día del Señor

• 385

Estos dos hombres se dieron cuenta que santificar el Día del Señor

significaba ofrecer a los fieles la oportunidad de participar en la Misa. Lo

hicieron estableciendo misiones que más tarde se convertirían en capillas

y luego en parroquias con párrocos residentes. Mediante el cuidado

providencial de Dios, sacerdotes devotos establecieron comunidades

estables donde se ofrecía la Misa y donde creyentes igualmente devotos

participaban en la Misa.

EL DÍA DEL SÁBADO

El

Catecismo

comienza su reflexión sobre el Tercer Mandamiento con el

significado bíblico del sábado. Éxodo 20:8-11 declara que el sábado era

el séptimo día, durante el cual el Señor descansó al acabar el trabajo de

los previos seis días. Deuteronomio 5:12 añade que el sábado era un día

para renovar la Alianza con Dios. El sábado está conectado a la creación

y a la Alianza.

El “descanso” de Dios el séptimo día era su mirar contemplativo

disfrutando del bien de la creación, especialmente su cima, el hombre

y la mujer. No era una cuestión de inactividad divina, sino más bien

la “obra” más profunda de contemplar y el acto tranquilo de amarnos

(cf. CIC, nos. 2184-2185). Esto también es verdadero de nosotros. Si

nunca paramos de trabajar, ¿cuándo tendremos tiempo para contemplar

y alabar a Dios y nutrir una relación de amor con Él o con cualquier otra

persona? Cada persona humana, habiendo sido creada por Dios, le debe

culto y gracias por lo que el Señor ha hecho y continúa haciendo.

La historia bíblica del sábado demuestra que era un día de culto a

Dios y de relajación con la familia: “Entonces [el sábado] el Señor será

tu delicia. / Te sentaré sobre mis montañas” (Is 58:14). En sus liturgias,

el pueblo del antiguo Israel recordaba las grandes obras que Dios

realizaba por ellos. Miraban su historia y las raíces familiares a la luz

del designio de Dios para ellos. Cantaban alabanzas a Dios por su amor

y misericordia. Recordaban que “¡Todo pertenece a Dios!” El domingo

cristiano continúa estos temas del sábado, del descanso contemplativo

y del culto.