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Tercera Parte. La Moralidad Cristiana: La Fe Vivida

• “El homicidio voluntario de un inocente es gravemente contrario

a la dignidad del ser humano, a la regla de oro y a la santidad del

Creador” (CIC, no. 2261).

• “La prohibición de causar la muerte no suprime el derecho de

impedir que un injusto agresor cause daño” (CIC, no. 2321).

• El aborto directo es la destrucción intencionada de un niño no nacido

y es un acto gravemente contrario a la ley moral y a la santidad

del Creador.

• La eutanasia consiste en poner fin a la vida de personas disminuidas,

enfermas o moribundas. Sean cuales sean los motivos o los medios,

nunca es moralmente permisible.

• El suicidio médico asistido es un suicidio realizado con la ayuda de

un médico. La aparición del suicidio médico asistido, popularizado

por el movimiento del derecho a morir, busca legalizar lo que es un

acto inmoral. El suicidio está mal sea cometido individualmente o

con la ayuda de un médico.

• El embrión humano tiene desde el momento de la concepción toda

la estructura genética de una vida humana única. El hijo que se desa­

rrolla en el vientre debe ser tratado como un ser humano completo y

pleno. El hijo en el vientre solo necesita de tiempo para crecer y desa­

rrollarse. Matar a un embrión es matar a una vida humana, un acto

contrario a la ley de Dios y a la enseñanza de la Iglesia.

• “Hoy, en efecto, como consecuencia de las posibilidades que tiene el

Estado para reprimir eficazmente el crimen, haciendo inofensivo a

aquél que lo ha cometido sin quitarle definitivamente la posibilidad de

redimirse, los casos en los que sea absolutamente necesario suprimir

al reo ‘son ya muy raros, por no decir prácticamente inexistentes’”

(CIC, no. 2267, citando EV, no. 56).

• Aunque se debe hacer uso de todos los medios posibles para evitar

la guerra, existen ocasiones cuando la defensa legítima de la patria

mediante la fuerza militar puede llevarse a cabo bajo las condiciones

más estrictas.

• Además de respetar la vida corporal, también se deben reverenciar

las almas de los demás. Se debe siempre evitar el escándalo, el cual