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534 • Conclusión y Apéndices

encontrarse con el Dios vivo hoy y encontrar en Él un significado y una

esperanza duraderos.

Dios continúa estando presente en la Iglesia a la vez que el Evangelio

de su Hijo, Jesucristo, es proclamado y recibido por sus miembros por

el poder dador de vida del Espíritu Santo. En la Primera Parte de este

Catecismo Católico de los Estados Unidos para los Adultos

, hemos

estudiado el resumen de la fe en el Credo de los Apóstoles y hemos

aprendido cómo el Evangelio de Jesucristo es transmitido fielmente

de generación en generación y cómo continúa siendo escuchado

por innumerables creyentes de una manera que los lleva a un mayor

entendimiento del amor de Dios y de su destino.

Dios continúa estando presente en su Iglesia a la vez que sus miembros

son reunidos por el Espíritu Santo para celebrar los siete sacramentos,

sobre todo, y especialmente, la Eucaristía. En la Segunda Parte de este

Catecismo

hemos aprendido cómo Jesucristo continúa dotando a su

pueblo con sus dones de la salvación. Por el Bautismo, él los convierte

en hijos de su Padre, sus discípulos y miembros de la Iglesia. Por la

Confirmación, él profundiza en ellos la presencia del Espíritu Santo. Por

el sacrificio de la Eucaristía, él los nutre con su Cuerpo y Sangre. Por la

Penitencia y la Reconciliación, él los lleva del pecado a la gracia. Por

la Unción de los Enfermos, él los ayuda a llevar —y a veces les quita—

la carga de las enfermedades graves. Por el Matrimonio, él revela lo

absoluto que es el amor y su creatividad que da vida. Por el sacramento

del Orden, él establece obispos, sacerdotes y diáconos para asegurar su

pastoreo continuo de la Iglesia.

Dios continúa estando presente en la Iglesia cuando sus miembros

se esfuerzan por vivir según el ejemplo y la enseñanza de Jesucristo.

En la Tercera Parte de este

Catecismo

hemos aprendido cómo las

Bienaventuranzas y los Diez Mandamientos guían las conciencias y las

vidas de los miembros de la Iglesia para que ellos puedan hacer vivo, en

medio de la humanidad, el poder del amor de Dios para transformar a

la sociedad con la sabiduría, compasión, justicia y fidelidad que brotan

de Dios mismo. El Espíritu Santo es la presencia dinámica de Dios,

que hace que los miembros de la Iglesia sean capaces de vivir una vida

verdaderamente cristiana.